Hay poder en la sangre de Cristo

Buenas mis amados hermanos, Feliz Viernes! Hoy nos encontramos en el capítulo 9 de la Epístola de Hebreos donde el autor hará un contraste entre el santuario terrenal y el celestial y nos dará una idea más clara sobre el antiguo y el nuevo pacto. Las versiones de hoy son:

El capítulo comienza dándonos una descripción del santuario terrenal y mencionando sus limitaciones. Si bien es cierto que los rituales que se hacían en el antiguo pacto eran observados con dignidad y gloria, es importante recalcar que fallaban a la hora de proveer libre acceso a la presencia de Dios. Sin embargo, Jesús vino a introducir el sistema ideal para la redención de los pecados de una vez y para siempre. Ya no tenían que seguir sacrificando animales una y otra vez pues Jesucristo ofreció en sacrificio su propia sangre.

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Este sacrificio de Jesús es efectivo para nosotros de varias maneras:

  1. No tiene limitaciones y hay total remoción de pecados – la sangre de Cristo removió nuestros pecados pasados, presentes y los futuros. Su sangre derramada hasta la última gota nos justificó y nos limpió de todo pecado.
  2. Su sacrificio fue perfecto – es por este sacrificio perfecto que nosotros ahora tenemos acceso directo al Padre a través de Él. El velo fue desgarrado. Gloria a Dios.

En conclusión, vemos como el autor de Hebreos contrasta el pacto de Moisés y el de Cristo. El pacto mosaico habilitó sacrificios de animales que traían alivio temporal a la culpa del hombre y ofrecieron lecciones sobre la justicia de Dios. De igual manera proveyó un vínculo con Dios por medio de la sangre de los animales. Mas sin embargo, estos sacrificios tenían que repetirse anualmente en el tabernáculo, el cual constituía solamente un símbolo del altar eterno y celestial de Dios.

Pero cuando Jesucristo entra a la historia como el sacerdote eterno para ofrecerse en sacrificio eterno por el pecado la cosa cambia. El derramamiento de su sangre proveyó de un sacrificio y de un vínculo permanente entre Dios y los seres humanos. Su sangre fue derramada no solamente en un altar terrenal, sino ante el verdadero altar de Dios en el cielo, donde obtuvo redención para el pecado de todos aquellos que le reciban como su Señor y Salvador. El inmutable vínculo establecido a través del nuevo pacto en la sangre de Cristo hace manifiesto la promesa del Dios justo y misericordioso.

Reflexión: ¿Qué representa para usted el sacrificio de Cristo en la cruz?

Oración: Padre, te damos gracias por ese hermoso sacrificio perfecto y único de tu hijo amado Jesús para redención de nuestros pecados. Gracias a esa sangre preciosa somos justificados y podemos entrar a tu presencia libremente. Es por ese sacrificio que al aceptar a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador, nos convertimos en nuevas criaturas y las cosas viejas pasan y son hechas nuevas. Te pedimos Señor, que nos ayudes a librarnos de cualquier culpa que pueda estar atacando nuestra mente. Haznos entender que por ese sacrificio Tú perdonaste nuestros pecados pasados, presente y futuros. Somos nuevas criaturas en Cristo Jesús para honra y gloria de tu nombre. Y que nunca jamás se nos olvide que en la sangre de Cristo hay poder. En el nombre de Jesús, Amén.

Tengan todos un hermoso viernes y un magnifico fin de semana. Dios les bendiga.

Hija del Altísimo,

Bessie

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